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marzo 12, 2012

Fructosa de la Fruta: ¿Buena o Mala?

Desde hace varios días he estado publicando artículos que hablan sobre la fructosa y cómo ésta es mala para nuestro organismo.

La fructosa no sólo nos hace engordar, sino que produce resistencia a la insulina y una cantidad de problemas metabólicos que pueden desencadenar en cantidad de enfermedades, incluyendo problemas cardiovasculares.

Esta información es bastante nueva para muchos, y parece alarmante si tomamos en cuenta que la fructosa está en casi todo lo que comemos (disfrazada de una u otra forma).

Pero, sobretodo, ¿qué pasa con la fruta? ¿La fructosa de la fruta es igual de mala que la de una Coca-Cola?

Un poquito de Química Orgánica


Todos sabemos que el azúcar es mala.

Lo cual es un poco contradictorio, porque los nutricionistas insisten en decirnos que el azúcar es la principal fuente de energía de nuestro organismo...

Lo que pasa es que hay varios tipos de azúcar, y el cuerpo reacciona diferente a cada uno. Además, a nuestro cuerpo también le importa de dónde vino ese azúcar que consumimos. Pero de eso hablamos más adelante.

En un post de la semana pasada les conté de los varios tipos de azúcar que se usan en los alimentos.

Hoy, veamos los tres principales (los que más consumimos y más nos interesan):


La sacarosa es el azúcar de mesa. Está compuesto por una molécula de glucosa (un anillo de 6) y una molécula de fructosa (un anillo de 5).

Ésta es la mezcla más común. Incluso en las frutas, también hay un poco de glucosa. El jarabe de maíz alto en fructosa (el endulzante industrial por excelencia en América) es más o menos mitad fructosa y mitad glucosa. La miel de abejas también, y el jarabe de agave tiene aún más fructosa que glucosa.

Cuando consumimos sacarosa, nuestro cuerpo la separa en fructosa y glucosa y cada una sigue su ruta metabólica correspondiente (como lo expliqué en el post de la semana pasada sobre por qué la fructosa es mala).

En este punto, nuestro cuerpo ya ha olvidado de dónde vinieron esa fructosa y esa glucosa... da igual, cada una será procesada como corresponde: la glucosa pasará a la sangre, estimulará la secreción de insulina y será utilizada por los músculos (si hay requerimiento de energía) o almacenada como grasa (si no lo hay), y la fructosa será tratada por el hígado como la toxina que es.

La fructosa de la fruta (y de las verduras)


Antes dije que nuestro cuerpo sí veía una pequeña diferencia en los nutrientes (en este caso glucosa y fructosa) dependiendo de cuál alimento provenían.

Aunque al ser digeridos los alimentos cada molécula será tratada de la misma forma, la diferencia está en dos puntos primordiales e importantísimos:
  1. Las otras sustancias que acompañan la glucosa y la fructosa (presentes en el alimento)
  2.  La rapidez con la que la glucosa y la fructosa pasarán al cuerpo (rapidez de digestión del alimento)
Hablemos primero del segundo punto.

Como con cualquier toxina, la capacidad que tiene el cuerpo de manejar la fructosa y de evitar daños mayores depende de la cantidad de fructosa que deba procesar en un tiempo determinado, y del tiempo total de consumo de fructosa.

No es lo mismo para el cuerpo tratar 10 gramos de fructosa que 100. Tampoco es lo mismo tratar 10 gramos de fructosa al día, que tratarlos cada media hora durante una semana.

En este caso, cae bien el infame dicho de "todo con moderación".

Las frutas y las verduras tienen cantidades relativamente pequeñas de fructosa. Nada comparado con la cantidad de fructosa  que hay en una lata de refresco azucarado (¿y quién se toma sólo una lata?), o en un pan dulce o un par de galletas de chocolate (industriales).

Además, como ya sabes, estos alimentos procesados también contienen grandes cantidades de glucosa, lo cual produce desbalances terribles en nuestros niveles de insulina y nos hace tener antojos a las pocas horas de haberlos comido o bebido (sin contar que también hace engordar porque la insulina es una hormona de almacenamiento). Esto nos lleva a comer aún más de estos alimentos ricos en azúcar y la carga en el cuerpo es aún mayor.

Lo peor es que esos mismos alimentos también son ricos en grasas trans, y con la insulina en pico por el alto contenido de azúcar (glucosa que pasa a la sangre) y el hígado ocupado tratando la fructosa que proviene de esa misma azúcar (las toxinas tienen prioridad) las grasas no podrán ser metabolizadas y se almacenarán irremediablemente en nuestra cintura, caderas, piernas, parte de baja de la espalda, o donde sea que a tu cuerpo le parezca.

Ahora, en el caso de las frutas y verduras, además de que las cantidades de azúcar son pequeñas y no ocurre esta sobrecarga del organismo, estos también traen muchas sustancias que son beneficiosas (al contrario de las sustancias adicionales que traen los alimentos procesados).

Las frutas y verduras tienen minerales, vitaminas y antioxidantes, todas sustancias que contribuyen a una mejor salud de nuestro cuerpo y hasta pueden contrarrestar en cierta medida los efectos dañinos de la fructosa y del exceso de azúcar. Además, tienen fibra que hace que se retarde la absorción de los nutrientes, para que la carga sea menor y el cuerpo pueda procesar los azúcares más eficientemente.

¿Buena o Mala?


La fructosa es MALA. No importa cómo se le ponga, es una toxina y hace daño.

Pero nuestro cuerpo puede arreglárselas con esa toxina si no lo sobrecargamos y si le damos los demás insumos que él necesita para funcionar de maravillas.

Es igual que un carro:

Si le pones gasolina mala una sola vez, y no es demasiada, no va a pasar nada si el carro está en buen estado. Funcionará un poco mal mientras tenga esa gasolina, pero luego volverá a su estado normal si lo sigues cuidando.

Pero si le pones gasolina mala constantemente, y además nunca le cambias el aceite y los filtros, no lo lavas ni lo cuidas como es debido, y además le exiges demasiado, más temprano que tarde ese carro se volverá una chatarra y eventualmente dejará de funcionar.

Entonces, a tu cuerpo trátalo con cariño:

Si vas a meterle un veneno como la fructosa, al menos hazlo de la fuente menos peligrosa que además te puede traer más beneficios que daños: la fruta y la verdura.

Si un día no te aguantas y quieres comer veneno (léase: cualquier alimento procesado cargado de fructosa, exceso de glucosa y/o cualquier otra toxina), pues hazlo sabiendo lo que estás haciendo, pero consciente de que lo mejor es poner en marcha un "plan de control de daños" para ayudar a tu cuerpo con la carga.

Espero que ahora las cosas estén un poco más claras :)

Esta semana te contaré un poco más sobre los andulzantes o edulcorantes (incluyendo los artificiales) y te hablaré en qué alimentos se encuentra la fructosa para que puedas evitarla al máximo.

Y si no lo has visto, no olvides chequear el post sobre la fruta en el que hay una tabla de la cantidad de fructosa que contienen distintos tipos de fruta (es bueno tenerlo en cuenta).

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